Electra
Electra CLITEMESTRA. —¡Qué cuidado voy a tener por ésta que injuria a su madre con tales insultos y eso a su edad! ¿No te parece que podría llegar a todo tipo de acciones sin ninguna vergüenza?
ELECTRA. —Entérate bien de que yo siento vergüenza por esto, aunque no te lo parezca. Comprendo que hago cosas intempestivas y que no son apropiadas para mí. Pero la hostilidad que de ti me viene y tus actos me fuerzan a hacerlo. En acciones deshonrosas se aprende a obrar deshonrosamente.
CLITEMESTRA. —¡Oh criatura sin consideración! Ciertamente que yo, mis palabras y mis obras te dan que hablar en exceso.
ELECTRA. —Tú lo dices, no yo. Tú realizas el hecho y las acciones se procuran las palabras.
CLITEMESTRA. —Pero, ¡por la diosa Ártemis! ¡No escaparás por esta osadía cuando venga Egisto!
ELECTRA. —¿Ves? Te has dejado llevar por la cólera. Aunque me habías permitido decir lo que quisiera, no sabes escuchar.
CLITEMESTRA. —¿Y no me vas a dejar ni hacer un sacrificio bajo un devoto murmullo, después de que te permití soltarlo todo?
ELECTRA. —Te dejo, te invito a ello, haz el sacrificio y no acuses a mi lengua, porque no podría decir ya más.