Electra
Electra CLITEMESTRA. —Tú, la que me acompañas, alza la ofrenda de todos los frutos, a fin de que ofrezca a esta divinidad súplicas que sean liberadoras de los miedos que ahora tengo.
Escucha ya, Febo protector, mis palabras ocultas. Pues no te dirijo la oración ante amigos, ni conviene que todo salga a la luz mientras ésa se encuentre cerca de mí, para que no vaya divulgando ya, por toda la ciudad, equívoca fama acompañada de rencor y maldiciente palabra. Por consiguiente, escúchame así, que de este modo yo te hablaré.
Las visiones de oscuros sueños que en esta noche he tenido concede, rey Licio, que se cumplan si se han aparecido para bien, pero, si han sido hostiles, remítelas de nuevo a los enemigos. Y si algunos maquinan con engaños despojarme de la riqueza que disfruto, no lo permitas, sino concédeme que, llevando una vida sin daño, rija el palacio y el cetro de los Atridas viviendo con los amigos que ahora tengo en una feliz existencia, y con aquellos de mis hijos en los que no se encuentre animadversión hacia mí o un amargo resentimiento.
¡Oh Apolo Licio! Oyendo benévolo esto, concédenoslo a todos nosotros tal y como te lo pedimos. Todo lo demás, aunque yo lo silencie, supongo que en tu calidad de dios lo conoces. Pues es natural que los hijos de Zeus vean todo.
(Entra el PEDAGOGO.)