Filoctetes
Filoctetes Es necesario que en esto mismo te las ingenies para sustraerle las armas invencibles. Sé, hijo, que no estás predispuesto por tu naturaleza a hablar asà ni a maquinar engaños. Pero es grato conseguir la victoria. Lánzate a ello; ya nos mostraremos justos en otra ocasión. Ahora, por un corto espacio del dÃa, préstate para algo desvergonzado, y, después, durante el resto del tiempo, podrás ser llamado el más piadoso de todos los mortales.
NEOPTÓLEMO. —Yo, ¡oh hijo de Laertes!, odio poner en práctica las palabras que me afligen al oÃrlas. Por mi naturaleza no hago nada con medios engañosos, ni yo mismo, ni, según dicen, el que me dio el ser. Pero estoy dispuesto a llevarme a este hombre por la fuerza y no con engaños. Porque no nos someterá por la fuerza con un solo pie a nosotros que somos tantos. Sin embargo, habiendo sido enviado como colaborador tuyo, temo ser llamado traidor. Pero prefiero, rey, fracasar obrando rectamente que vencer con malas artes.
ODISEO. —Hijo de noble padre, también yo mismo cuando era joven tenÃa la palabra ociosa y el brazo activo. Y ahora, remitiéndome a las pruebas, veo que entre los mortales son las palabras y no los actos los que guÃan todo.
NEOPTÓLEMO. —Y ¿qué otra cosa me ordenas sino decir mentiras?