Filoctetes
Filoctetes NEOPTÓLEMO. —¿Qué ordenas?
ODISEO. —Te necesito para que, al hablarle, engañes con tus palabras el ánimo de Filoctetes. Cuando te pregunte quién eres y de dónde has llegado, dices que hijo de Aquiles —esto no hay que ocultarlo— y que navegas hacia casa, tras abandonar la expedición naval de los aqueos, habiendo surgido un gran odio contra ellos porque te hicieron venir con súplicas desde tu paÃs, como si fueras el único medio de conquistar Ilion, y no te consideraron, una vez que hubiste llegado, digno de las armas de Aquiles. A pesar de que pedÃas con pleno derecho que te las dieran, se las entregaron a Odiseo. Puedes decir los más mezquinos ultrajes que quieras contra mÃ. En nada me ofenderás con ello. Y, si no lo haces, lanzarás a la ruina a todos los argivos. Pues si no es capturado el arco de éste, te será imposible conquistar la llanura de Dárdano.
Entérate de por qué no puedo yo, y en cambio tú sÃ, tener un trato confiado y seguro. Tú has viajado sin estar obligado por juramento con nadie, ni a la fuerza, ni en la primera expedición; sin embargo, yo no puedo refutar ninguna de estas cosas. De modo que, si él me ve mientras sea dueño del arco, estoy perdido, y te arrastro en la perdición a ti también por estar en tu compañÃa.