Filoctetes
Filoctetes MERCADER. —Yo te lo explicaré todo, pues tal vez no lo has oÃdo. HabÃa un adivino de noble linaje, hijo de PrÃamo y de nombre Heleno. A éste Odiseo, el que se oye llamar vergonzosas y ultrajantes palabras, una vez que salió solo durante la noche, le capturó con engaños. Llevándole atado, le mostró en medio de los aqueos como codiciada presa. Él fue quien les profetizó todas las demás cosas y, entre otras, que nunca destruirÃan la ciudadela de Troya, si no persuadÃan a éste para llevarle allà desde esta isla en la que ahora habita.
Tan pronto como el hijo de Laertes oyó al adivino decir esto, prometió que se presentarÃa ante los aqueos con este hombre. CreÃa, sobre todo, poderle coger sin que opusiera resistencia, pero, si no querÃa, en contra de su voluntad. Y, si no lo conseguÃa, permitÃa a quien quisiera de ellos que le cortara la cabeza. Ya has oÃdo, hijo, todo. A ti y a él os aconsejo apresuraros, si es que algún interés tienes por él.
FILOCTETES. —¡Ay de mÃ, infortunado! ¿Es verdad que aquél, la maldad absoluta, juró que me llevarÃa ante los aqueos después de persuadirme? De igual manera me dejarÃa convencer para, una vez muerto, volver desde el Hades a la luz, como el padre de aquél.
MERCADER. —Yo no conozco estas cosas. Me voy a la nave. Que la divinidad os ayude a los dos lo mejor posible.