Filoctetes
Filoctetes (El mercader se va.)
FILOCTETES. —¡Oh hijo! ¿No es ciertamente horrible que el hijo de Laertes esté esperando a desembarcarme con suaves palabras y a mostrarme en medio de los argivos? No, antes escucharÃa a la que me es más odiosa, a la vÃbora que me ha dejado asà impedido. A aquél le es posible decir todo y a todo se atreve. Ahora sé que llegará. Asà que, hijo, partamos de suerte que un extenso mar nos separe de la nave de Odiseo. Vayamos. La prisa cuando ha cesado el esfuerzo nos trae sueño y reposo en el momento oportuno.
NEOPTÓLEMO. —Cuando el viento de proa amaine, entonces nos haremos a la mar. Ahora nos es contrario.
FILOCTETES. —Siempre hay viento favorable cuando se huye de peligros.
NEOPTÓLEMO. —No, pues también para ellos les es éste contrario.
FILOCTETES. —No es contrario el viento a los bandidos cuando están dispuestos a robar y a saquear por la fuerza.
NEOPTÓLEMO. —Si te parece bien, partamos, después de que tomes de dentro lo que principalmente te sea de utilidad y eches en falta.
FILOCTETES. —SÃ, allà está lo que necesito, aunque no hay mucho de dónde elegir.
NEOPTÓLEMO. —¿Qué es lo que hay que no encuentres en mi nave?