Filoctetes
Filoctetes NEOPTÓLEMO. —Te dejaré libre, si es que ya eres más prudente.
FILOCTETES. —¡Ah, tierra, recÃbeme moribundo como estoy, pues este mal ya no me permite tenerme en pie!
(Filoctetes se va quedando dormido.)
NEOPTÓLEMO. —Parece que el sueño se va a apoderar de él sin que pase mucho tiempo. La cabeza está tendida boca arriba. El sudor le inunda todo su cuerpo, y se ha reventado una vena que chorrea oscura sangre en el extremo del pie. Vamos, dejémosle tranquilo, amigos, para que se sumerja en el sueño.
CORO.
ESTROFA.
Sueño que no sabes de dolores ni de sufrimientos, llégate propicio a nosotros, haznos felices, haznos felices, oh señor, y mantén ante sus ojos esa radiante serenidad que ahora se ha extendido. Ven, ven liberador. (A Neoptólemo.) Y tú, oh hijo, mira qué decides, adónde te diriges y cómo vas a salir de esta preocupación. ¿Ves? Duerme. ¿A qué aguardamos para ponernos en marcha? La oportunidad, que tiene conocimiento de todas las cosas, consigue una gran victoria en el acto.