Filoctetes
Filoctetes FILOCTETES. —Ea, hijo mÃo, ten ánimo; piensa que este mal se me presenta penetrante, pero se va rápidamente. Pero ¡te lo suplico!, no me dejes solo.
NEOPTÓLEMO. —Ten confianza. Nos quedaremos.
FILOCTETES. —¿Te quedarás de verdad?
NEOPTÓLEMO. —Puedes estar seguro.
FILOCTETES. —Ni siquiera creo conveniente obligarte por juramento, hijo.
NEOPTÓLEMO. —Porque no es lÃcito que yo me vaya sin ti.
FILOCTETES. —Dame la mano como garantÃa.
NEOPTÓLEMO. —Te la doy como señal de que me quedaré.
(Filoctetes señala con la mano la cueva para que le conduzca allà Neoptólemo. Éste parece no entender.)
FILOCTETES. —AllÃ, ahora, a mÃ, allÃ.
NEOPTÓLEMO. —¿Adónde dices?
FILOCTETES. —Arriba.
NEOPTÓLEMO. —¿Qué deliras de nuevo? ¿Por qué diriges la mirada al cielo?
FILOCTETES. —Suelta, suéltame.
NEOPTÓLEMO. —¿Por cuánto tiempo te suelto?
FILOCTETES. —Suéltame por un momento.
NEOPTÓLEMO. —Digo que no te dejaré.
FILOCTETES. —Me perderás si me tocas.