Las traquinias
Las traquinias DEYANIRA. —También así pienso yo, de modo que lo llevaré a cabo. Y por lo menos no provocaré un mal voluntario, luchando en inferioridad con los dioses. Pero entremos al palacio, para que lleves mis encargos en palabras y para que lleves también los regalos a los que, en correspondencia a los suyos, debo ajustarme. Pues no es razonable que te vayas de vacío, cuando te has presentado aquí con un séquito tan grande.
(Ambos entran en el palacio y el Mensajero se retira.)
CORO.
ESTROFA.
Grande es la fuerza con que Cipris se lleva siempre la victoria. Paso de largo los asuntos de los dioses y no hablo de cómo engañó al Crónida, ni al sombrío Hades, o a Posidón el que sacude la tierra. Pero para tener a ésta como esposa, ¿quiénes, adversarios robustos, han descendido al combate con vistas a las bodas? ¿Quiénes salieron adelante en los premios de lides llenas de golpes y fatigosas?
ANTÍSTROFA.