Las traquinias

Las traquinias

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El uno era un río poderoso, de altos cuernos, erguido sobre cuatro patas, con aspecto de toro, el Aqueloo de Eníades. El otro llegó de la tierra de Baco, de Tebas, blandiendo curvo arco, lanzas y maza, hijo de Zeus. Éstos, entonces, juntos se lanzaron al medio, deseosos de las bodas. Y sola, en el medio, propicia al matrimonio, Cipris dirime.

EPODO.

Entonces hubo estruendo de brazos, de arcos y de cuernos de toro entrechocados. Había lances trabados y también dolorosos golpes de frentes y gemidos por parte de ambos. Y ésta, de hermoso aspecto, delicada, estaba sentada junto a una distante altura, aguardando al esposo. Yo, como espectadora, hablo. El rostro de la joven disputada, digno de lástima, espera, y en seguida se queda lejos de su madre, como una ternera abandonada.

(Deyanira sale de palacio con una esclava que lleva una urna cerrada.)

DEYANIRA. —Mientras el extranjero, amigas, preparado para salir, habla en la casa a las jóvenes cautivas, me vengo hasta vosotras a la puerta, a escondidas, para contaros, por una parte, lo que con mis manos acabo de preparar, y, por la otra, para lamentarme con vosotras de lo que sufro.


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