Las traquinias
Las traquinias HILO. —Dicen que, a lo largo del tiempo, en el año que ha pasado, él ha trabajado como siervo para una mujer lidia.
DEYANIRA. —Si verdaderamente soportó esto, ya todo se puede oÃr.
HILO. —Pero se ha liberado de ello, al menos según yo tengo oÃdo.
DEYANIRA. —Y, ¿dónde, vivo o muerto, se dice que está ahora?
HILO. —Dicen que ha emprendido una expedición contra la tierra Eubea, contra la ciudad de Éurito o que está a punto de hacerlo.
DEYANIRA. —¿Sabes acaso, hijo, que me dejó oráculos dignos de crédito acerca de esa tierra?
HILO. —¿Cuáles, madre? Pues desconozco de qué me hablas.
DEYANIRA. —Que o bien está a punto de alcanzar el final de su vida, o bien de llevar una vida feliz el resto de su existencia, si obtiene esta victoria. Encontrándose en semejante trance, hijo, ¿no correrás en su ayuda, cuando o nos habremos salvado si se salva, o nos perdemos con él?