Tratado teológico-político

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Ahora bien, la Escritura suele pintar a Dios a imagen del hombre y atribuirle alma (mens), ánimo, afectos e incluso cuerpo y aliento, a causa de la débil inteligencia del vulgo. De ahí que la expresión espíritu de Dios la utiliza con frecuencia en el sentido de alma (mens), es decir, de ánimo, afecto, fuerza y aliento de la boca30 de Dios. Y así, en Isaías, 40,13, se dice: ¿quién dispuso el espíritu, o sea, el alma (mens) de Dios?; es decir, ¿quién, sino el mismo Dios, determinó su mente a querer algo? Y más adelante (63,10): y ellos causaron amargura y tristeza al espíritu de su santidad. De ahí que esa expresión se utiliza también para designar la ley de Moisés, porque explica, por así decirlo, la mente de Dios, como lo dice el mismo Isaías, 63, 11: ¿en dónde está[26] el que puso entre ellos el espíritu de su santidad?, es decir, la ley de Moisés, como claramente se desprende de todo el contexto. Y Nehemías, 9,20: y tú les has dado tu buen espíritu (o tu mente) para hacerlos entender; de hecho, está hablando del tiempo de la Ley, al que también alude el Deuteronomio, 4, 6, donde dice Moisés: porque ella (la Ley) es vuestra ciencia y prudencia, etc. Lo mismo se dice en Salmos, 143,10: tu mente buena me conducirá a la tierra llana, es decir, tu mente, a nosotros revelada, me llevará al recto10 camino.



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