Tratado teológico-político

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Con la expresión espíritu de Dios se designa, además, la misma alma (mens) humana, como en Job, 27,3: y el espíritu de Dios en mis narices, aludiendo a lo que se narra en el Génesis: que Dios infundió un alma (anima) de vida en las narices del hombre[39]; también en Ezequiel, 37,14 (refiriéndose proféticamente a los10 muertos) se dice: y os daré mi espíritu y viviréis, es decir, os devolveré la vida; y, en este mismo sentido, se dice en Job, 34,14; si quiere (Dios), recogerá para sí su espíritu (es decir, la mente que nos dio) y su alma (anima). Así hay que entender también Génesis, 6, 3: mi espíritu no razonará (es decir, no discernirá) jamás en el hombre, porque es carne: es decir, en adelante, el hombre actuará según las decisiones de la carne y no de la mente que le he dado para que discerniera el bien; e igualmente en Salmos, 51, 12-13: créame, oh Dios, un20 corazón puro y renueva en mí un espíritu (esto es, un apetito) decente (o moderado) y no me deseches de tu presencia ni me quites el alma (mens) de tu santidad. Como los israelitas creían que los pecados sólo procedían de la carne y que, en cambio, el alma aconsejaba exclusivamente el bien, por eso el salmista invoca el auxilio de Dios contra el apetito de la carne, mientras que pide al Dios santo que simplemente le conserve el alma (mens) que él le ha dado.



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