La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Cuando sonó el disparo llegaban al puente cuatro húsares a caballo y otros dos a pie del mismo regimiento que los anteriores; estaban a unos doscientos pasos, y observaban cuidadosamente lo que ocurrÃa en el puente. Pensando que Fabricio habÃa disparado a sus camaradas, se lanzaron contra él a galope enarbolando los sables; era una auténtica carga. El coronel Le Baron, que habÃa oÃdo el pistoletazo, abrió la puerta de la venta y corrió al puente; llegó al mismo tiempo que los húsares y les ordenó que se detuvieran.
—¡Aquà ya no hay coroneles que valgan! —gritó uno de ellos picando su caballo.
El coronel, irritado, interrumpió la reprimenda que les estaba dirigiendo, y cogió con la mano derecha, herida, la rienda de aquel caballo un poco más arriba del bocado.
—¡Detente, mal soldado! —ordenó al húsar—; te conozco, eres de la compañÃa del capitán Henriet.
—¡Pues que me dé la orden el capitán! Lo mataron ayer —añadió con tono sarcástico—; vete a hacer p…