La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma (como la lamparilla que se va a quedar sin aceite). Antes del momento supremo, pasaré probablemente uno o dos meses sin habla; después de lo cual, seré recibido en el seno del Padre, siempre que a Él le parezca que he cumplido con mi deber en el puesto en que me habÃa colocado de centinela.
Pero tú estás demasiado cansado, y tanta emoción te está produciendo sueño. Cuando supe tu llegada, guardé un pan y una botella de aguardiente en la caja grande de los instrumentos. Toma fuerza con ellos y trata de resistir aún unos momentos para escucharme. Aún puedo decirte algunas cosas antes de que la noche sea del todo reemplazada por el dÃa. Ahora veo tales cosas mucho más claramente de lo que acaso pueda verlas mañana. Porque, hijo mÃo, no dejamos de ser débiles, y conviene no olvidar nunca esta debilidad nuestra. Probablemente mañana, el anciano, el ser terrenal tendrá que ocuparse de los preparativos de mi muerte, y mañana por la noche, a las nueve, tienes que partir.
Fabricio le obedeció sin decir nada como era su costumbre.
—¿Asà que es cierto —continuó el anciano— que cuando intentaste ver Waterloo, lo primero que encontraste fue una cárcel?
—SÃ, padre —contestó Fabricio asombrado.