La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma La vida en aquel castillo, donde había una servidumbre de treinta a cuarenta criados, era fúnebre, y Fabricio pasaba los días enteros cazando o navegando en barca por el lago. Enseguida estrechó lazos con los cocheros y los mozos de cuadra, que, partidarios acérrimos de los franceses, se burlaban abiertamente de los devotos criados asignados a la atención personal del marqués o de su hijo mayor. El principal motivo de las bromas dirigidas contra tan graves personajes era que llevaban el pelo tan empolvado como sus amos.