La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —Un buen cortesano debe satisfacer su pasión dominante. Ayer le oà referirse al miedo que tenÃa a que sus obreros de Sanguigna robaran los fragmentos de estatuas antiguas que pudieran descubrir. A mà me gustan mucho las excavaciones. Si usted me lo permite, iré a vigilar a sus obreros. Mañana por la noche, después de las debidas visitas de agradecimiento a palacio y al arzobispo, me iré a Sanguigna.
—¿Y adivina usted —le preguntó la duquesa al conde— de dónde procede este súbito amor de nuestro buen arzobispo por Fabricio?