La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —No tengo que adivinar nada. Uno de los vicarios generales, precisamente el que tiene un hermano capitán, me contaba ayer que el padre Landriani parte del principio cierto de que el titular de la diócesis es superior al coadjutor, y no cabe en sà de gozo de tener a sus órdenes a un del Dongo y de que, además, le deba el favor. Todo cuanto ponga de manifiesto la alta cuna de Fabricio incrementa su Ãntimo contento: ¡tener un hombre asà como ayudante! En segundo lugar, monseñor Fabricio le ha gustado, no se siente tÃmido delante de él. En tercer y último lugar, desde hace seis años alimenta un odio, justificado, por el obispo de Piacenza, que anda proclamando su pretensión a sucederle en la sede de Parma y que, por si fuera poco, es hijo de un panadero. Precisamente con esa posible sucesión futura en la mente, el obispo de Piacenza ha trabado muy estrechas relaciones con la marquesa Raversi, y ahora tales relaciones hacen temer a nuestro arzobispo por el éxito de su principal objetivo: tener a un del Dongo en su estado mayor y darle órdenes.