La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma A los dos días, por la mañana temprano, estaba ya Fabricio dirigiendo los trabajos de las excavaciones de Sanguigna, justo frente a Colorno (el Versalles de los príncipes de Parma); estas excavaciones se extendían en un llano junto a la carretera general que va de Parma al puente de Casal-Maggiore, la primera ciudad de Austria. Los obreros habían cortado el llano con una zanja larga, de unos dos metros y medio de profundidad y lo más estrecha posible; estaban buscando, a lo largo de una vía romana, las ruinas de un segundo templo que, según se decía en la comarca, aún existía en la Edad Media. Aunque eran órdenes del príncipe, algunos campesinos no dejaban de tener recelos ante aquellas largas trincheras que atravesaban sus campos. Por mucho que se les dijera otra cosa, pensaban que se estaba buscando un tesoro, y lo que se pretendía con la presencia de Fabricio era evitar el mínimo alboroto. No se aburría éste en absoluto. Seguía los trabajos con pasión. De vez en cuando se encontraba alguna medalla, y lo que él pretendía era no darles ocasión a los obreros de ponerse de acuerdo entre ellos para escamotearla.