La Cartuja de Parma

La Cartuja de Parma

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Fausta, a su vez, tras pasear la mirada por todos los rincones de la iglesia, terminaba por detenerla, cargada de amor y de felicidad, en el rincón oscuro en que M*** estaba escondido. El amor induce a los corazones apasionados a exagerar los más tenues matices y a extraer de ellos las más ridículas consecuencias; el pobre M*** acabó por convencerse de que Fausta lo había visto, y que, a pesar de sus esfuerzos por disimularlos, se había percatado de sus celos mortales; ahora, con aquellas miradas tan tiernas, quería reprochárselos y al mismo tiempo consolarlo.

La tumba del cardenal que había servido de escondite y observatorio a M*** se elevaba un metro, o un metro y medio, por encima del suelo de mármol de San Juan. Cuando terminó la misa de moda, a eso de la una, la mayoría de los fieles se fue y Fausta despidió a los galanes de la ciudad con la disculpa de que tenía que dedicarse a sus devociones. Se quedó arrodillada en su reclinatorio con los ojos, más tiernos y más brillantes, fijos en M***. Ahora que apenas había gente en el templo, tampoco tenía que tomarse la molestia de recorrerlo entero con la mirada antes de detenerse cargada de dicha en la estatua del cardenal. «¡Qué delicadeza!» —decía para sí el conde M***, creyéndose mirado. Finalmente se levantó Fausta y salió bruscamente, tras haber hecho con las manos unos extraños movimientos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker