La Cartuja de Parma

La Cartuja de Parma

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En el momento en que el arzobispo le dio el anillo, Clelia pensó que cuando estuviera en el coche con su padre le hablaría del pequeño servicio que le encargaba el prelado. Pero cuando oyó la palabra amenazas, pronunciada con ira, se convenció de que su padre interceptaría el encargo. Se tapó el anillo con la mano izquierda y lo apretó con pasión. Durante todo el tiempo que emplearon en ir del Ministerio del Interior a la ciudadela estuvo preguntándose si no sería un delito no hablar de todo aquello con su padre. Era una muchacha muy piadosa, muy medrosa, y el corazón, tan tranquilo por lo común, le latía con una violencia inusual. Al cabo, se oyó el quién vive del centinela de guardia en la muralla, por encima de la puerta, cuando el coche se acercaba, sin que Clelia hubiera encontrado las palabras adecuadas que predispusieran a su padre favorablemente. ¡Tenía tanto miedo a una negativa! Tampoco se le ocurrió nada mientras subían los trescientos sesenta escalones que llevaban al palacio del gobernador.

Corrió a hablar con su tío, que refunfuñó y se negó a prestarse a nada.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker