La Cartuja de Parma

La Cartuja de Parma

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aquel coloquio se prolongó hasta el alba. Era la noche ciento setenta y tres de su cautiverio y en aquella conversación se enteró de que le estaban haciendo aquellas señales desde hacía cuatro meses. Como cualquiera podría ver e interpretar aquellas luces, ya desde la primera noche se introdujeron formas abreviadas: tres destellos muy rápidamente seguidos significaban la duquesa; cuatro, el príncipe; dos, el conde Mosca; dos destellos muy seguidos, acompañados de otros dos más espaciados querían decir evasión. Se acordó que, a partir de aquel momento, se valdrían del alfabeto de la monja, que, para evitar que pueda ser interpretado por indiscretos, cambia el orden de las letras y atribuye una posición arbitraria a cada una de ellas. La «a», por ejemplo, va en décimo lugar; la «b», en tercero. De forma que tres destellos sucesivos de luz quieren decir «b»; diez, «a», etcétera; una pausa de oscuridad significa fin de palabra. Se fijó una cita para el día siguiente a la una de la madrugada, y al día siguiente la duquesa se desplazó a aquella torre que estaba a un cuarto de legua de la ciudad. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando vio las señales de Fabricio, a quien tan a menudo había creído muerto. Y ella misma, mediante los destellos de luz de una lámpara le transmitió: ¡Te amo, ten valor, salud y esperanza! Ejercita tu vigor en la celda, vas a necesitar la fuerza de tus brazos. «No lo he visto —se dijo la duquesa— desde el concierto de Fausta, cuando se presentó en la puerta del salón vestido de cazador, ¡quién iba a decirme, entonces, la desventura que nos aguardaba!».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker