La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Esta petición de cita tuvo como resultado una ausencia de Clelia que se prolongó durante cinco días. En aquellos cinco días no fue a la pajarera más que en los momentos en que sabía que Fabricio no podía servirse del ventanuco practicado en la pantalla. Fabricio estaba desesperado. Aquella ausencia le hizo pensar que, a pesar de algunas miradas que le habían hecho concebir unas irracionales esperanzas, él nunca le había inspirado a Clelia más sentimientos que los de una simple amistad. «¿Y, así, qué puede importarme la vida? Que me la quite el príncipe, se lo agradeceré. Razón de más para no abandonar la fortaleza». Y todas aquellas noches contestó con harto disgusto a las señales de la lamparita. La duquesa pensó que se había vuelto completamente loco cuando, en el cuadernillo de los mensajes que Ludovico le traía todas las mañanas, leyó estas extrañas palabras: ¡No me quiero escapar; quiero morir aquí!