La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Toda la larga carta con que Fabricio contestaba a la de Clelia estaba calculada para obtener aquella entrevista. Le explicaba con una sinceridad perfecta, y como si en vez de él mismo le hablara de otra persona, todas las razones que lo decidían a no abandonar la ciudadela.
Me jugaría la vida mil veces a diario por tener la dicha de hablarle con nuestros alfabetos, que manejamos ya con tanta rapidez, ¡y quiere usted que haga la necedad de exiliarme en Bolonia, o en Florencia! ¡Quiere que me vaya y que me aleje de usted! Sepa que semejante esfuerzo me resulta imposible. La engañaría si le diera mi palabra, no podría cumplirla.