La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma El conde Mosca había mandado hacer una bella traducción al italiano de la genealogía de la familia Valserra del Dongo, publicada antaño en latín por aquel otro Fabricio, arzobispo de Parma. La hizo imprimir magníficamente con el texto latino junto al italiano; los grabados habían sido reproducidos con soberbias litografías hechas en París. Por deseo de la duquesa, enfrentado al del antiguo arzobispo, se había colocado un hermoso retrato de Fabricio. La traducción se publicó como obra de Fabricio llevada a efecto durante su primer encarcelamiento. Pero para nuestro héroe nada tenía ningún valor; ni siquiera la vanidad, tan natural al hombre, lo afectaba. No se dignó ni leer una página de aquella obra que se le atribuía. Su posición social le obligó a regalarle un ejemplar magníficamente encuadernado al príncipe, quien creyéndose en el deber de compensarle en algo por la muerte cruel que había tenido tan cercana, le concedió el privilegio de entrada en su cámara, distinción que lleva aparejado el tratamiento de excelencia[38].