La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Al día siguiente los amigos de los Crescenzi, que iban todas las noches a pasar la velada a su casa, contaron una nueva anécdota ridícula de Anetta Marini. Su madre, que temía que cometiera alguna locura, apenas dejaba dinero a su disposición. Anetta, no obstante, había ido a ver al célebre Hayez, que se encontraba entonces en Parma decorando los salones del palacio Crescenzi, para ofrecerle un magnífico anillo con diamantes que le había regalado su padre, y encargarle el retrato del señor del Dongo; le pidió que no lo figurara vestido de sacerdote sino sencillamente de negro. Pues bien, el día anterior, la madre de la pequeña Anetta se había quedado atónita, escandalizada más bien, cuando descubrió en el cuarto de su hija un magnífico retrato de Fabricio del Dongo en el más hermoso marco que se hubiera dorado en Parma desde hacía veinte años.