Lamiel

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Capítulo 8

En cuanto el doctor Sansfin sugirió a la duquesa estos proyectos, comenzaron a ser puestos en práctica, pues la duquesa veía en ellos una inmensa ventaja: El Havre estaba mucho más lejos de París que Carville, y además creía no ser conocida en el trayecto a El Havre, La duquesa, realmente enferma, no salió de la torre, pero en el castillo se hicieron todos los preparativos, y a las ocho de la tarde, cuando llegaban a la torre los caballos de posta, se vio aparecer por la carretera general de París una diligencia empavesada de banderas tricolores.

—¡Dios mío, cuánto le debo, querido doctor, por la confianza que tengo en usted! —exclamó la duquesa subiendo al landeau con su hijo y con el médico.

La duquesa agradeció mucho a éste que no quisiera de ningún modo ocupar el asiento del fondo. Fedor, contrariado por esta cortesía, optó, en cuanto estuvieron a una legua del pueblo, por sentarse junto al cochero. El doctor estaba muy satisfecho: en el momento de saberse el resultado definitivo de los sucesos de París, él estaría ausente de Carville, y, durante mucho tiempo, había impedido las conversaciones entre aquel duquesito tan elegante y tan suave y la atractiva Lamiel.


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