Lamiel

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Pero al doctor le interesaba no encontrarse en Carville hasta el momento en que se supiera el resultado definitivo de la revolución de julio. A la duquesa se le ocurrió una idea: su hijo estaba muy mal de los nervios; trabajaba demasiado, como todos los alumnos de la Escuela Politécnica; había que mandarle a tomar baños de mar durante quince días, pero no debía ir a tomarlos a Dieppe, ciudad seducida por la simpatía de la duquesa de Berri y que estaría bajo las sospechas de los jacobinos; donde tenía que ir era al Havre; en El Havre, el comercio, temeroso por sus almacenes, no sufriría saqueos si triunfaban los jacobinos, y si, como el doctor creía muy probable, triunfaba la corte, los malignos castellanos de los alrededores no podrían ridiculizar este pequeño viaje de la duquesa. La flacura y la palidez de Fedor hacían bastante evidente que su salud sufría de un exceso de trabajo; el calor era muy fuerte, y la duquesa había obedecido al consejo del doctor que prescribía los baños de mar. La duquesa no había querido ir a Dieppe por no esperar un traje de baile y unos sombreros que tenía que encargar a París. Fedor había manifestado siempre el deseo, no precisamente de hacer un viaje a Inglaterra, pues no tenía tiempo, pero sí de pasar tres días en este singular país. Ahora, desde El Havre, irían a pasar tres días en Portsmouth.



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