Lamiel
Lamiel —Nuestros pobres Borbones serán traicionados como de costumbre; ya verá cómo los jacobinos ganarán a las tropas del campo de Saint-Omer. Hacen maquinaciones inexplicables, al menos para mÃ. Por ejemplo, dÃgame, querido amigo, ¿cómo sabÃa Hautemare anoche, a las nueve, que mi hijo iba a llegar de ParÃs? Yo no le habÃa dicho una palabra a nadie del mundo; habÃa encargado de esta misión al correo del duque de R…, y mi hijo acaba de enseñarme esta carta; hemos pasado un cuarto de hora examinando el sello, y estaba intacto cuando mi hijo lo rompió.
El doctor puso mucho arte en halagar todos los sentimientos de la duquesa: desempeñaba su oficio de médico. Se trataba de calmar los nervios de madame de Miossens, y habÃa sabido por el propio Fedor todo lo que éste podÃa contar sobre los disturbios que se iniciaban en ParÃs. Halló a la duquesa furiosa como un tigre: tal fue el término empleado por el doctor cuando contó la cosa a Lamiel.