Lamiel
Lamiel Entre todas sus alegres compañeras de diversión, Lamiel distinguÃa a la Caillot, una joven actriz del Varietés, tan ingeniosa, ¡y de un ingenio tan impÃo!
En una excursión a Meudon, se internó en el bosque con ella, y, en una larga conversación en que Lamiel estuvo muy seria, la Caillot le enseñó no a tener ingenio, sino a sacar más partido aún de las ideas agradables y nuevas que se le ocurrÃan de una manera tan imprevista incluso para ella.
—A veces no se te entiende —le dijo la Caillot—, explica mejor y en más palabras lo que quieres decir, y que esas palabras no sean del dialecto normando, que acaso es más enérgico que nuestro francés de ParÃs, pero nadie lo entiende.
Lamiel se deshacÃa en expresiones de agradecimiento sinceramente admirativo. La Caillot era una de sus pasiones.
—Valdrás cien veces más que yo —respondÃa la Caillot a los sinceros elogios de Lamiel—; sólo tienes que evitar un escollo: no trates de imitarme, deslumbrada por los arrebatos de alegrÃa que yo provoco a veces. Si se te antoja, atrévete a ser lo contrarÃo que yo.
