Lamiel
Lamiel Al salir de Carville por la parte del mar, pasado el Puente Nuevo, se encuentra a la izquierda el vallecito por el que corre el Houblon, ese riachuelo que tiene el talento de ser bonito. Dos grandes praderas muy pendientes flanquean las dos riberas del río.
En la orilla izquierda, un buen camino, recientemente reparado por orden de madame de Miossens, ostenta orgulloso sus pretiles de piedra labrada que, con un nombre muy grosero, están destinados a impedir que los imprudentes caigan al rápido riachuelo que aquí transcurre diez pies más abajo que el camino. Por consejo del cura Du Saillard, la noble dama se hizo adjudicataria de las reparaciones que hubiera que hacer en aquel camino que conducía al castillo, gastos calculados en cien escudos en el presupuesto del municipio. ¡La señora duquesa de Miossens adjudicataria y recibiendo trescientos francos de un ayuntamiento! ¡Qué palabras más ridículas en 1826, pues es en esta época cuando comenzamos nuestra historia, muy inmoral por cierto!
