Lamiel
Lamiel «¡Ésta es la explicación del enigma! —exclamó Lamiel—: ¡mis tÃos son tontos!».
En ocho dÃas no pronunció diez palabras; la habÃa sacado de una gran inquietud la explicación de la tabernera. «No me dicen esas cosas —pensó— porque soy demasiado pequeña; es como el amor, del que me prohÃben hablar sin querer decirme qué es».
Desde aquella gran aventura de las palabras de la Merlin, la tabernera, todo lo que predicaba la tÃa Hautemare, o sea todo lo que era deber real o de convención entre los devotos del pueblo, resultaba igualmente ridÃculo para Lamiel, que, ante todo lo que su tÃa o su tÃo podÃan decirle, exclamaba en voz baja: ¡Es una tonterÃa! No rezar el rosario las noches de fiesta, o no ayunar en las témporas, o ir al bosque a hacer el amor, le parecÃan a Lamiel pecados de idéntica importancia.