Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos La cara que puso Valentine mientras duró aquella prudente conversación era para pintarla; pretendía parecer alegre; luego se reprochaba estar engañando a su hermano; engañar a ese hermano que solo la quería a ella en el mundo ¿no era un crimen? Su forma habitual de comportarse con Féder debía de ser muy culpable, puesto que se veía obligada a tomar la precaución de hacer teatro para ocultársela a un hermano que habría arriesgado la vida y, más aún, que habría arriesgado su fortuna para serle útil. Por otra parte, lo que de extraño había en aquella precaución le sugirió la idea de que quizá la continuación de sus relaciones diarias con Féder estaba amenazada. «Y además —se dijo—, a lo mejor no es tan sencillo como parece lo que Féder me manda que haga; me doy cuenta porque me noto turbada; es posible que haga mal al obedecerlo. ¿Con qué palabras podría, en este asunto, consultar a ese santo que es mi director de conciencia?».