Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Se celebró la cena y pareció claramente inferior a las de Viroflay. No es cosa baladí dar una cena buena de verdad, ni siquiera en París; la voluntad de gastar el dinero a manos llenas no basta, y una cena puede fracasar incluso en los mejores establecimientos culinarios. Por ejemplo, en la cena de Delangle un olor a frito muy desagradable se extendió por la sala del festín ya en el segundo plato y, pese a toda su buena voluntad, a la señora Boissaux no le quedó más remedio que pedir permiso para salir unos momentos a tomar el aire. Cuando vieron que se iba, la mayoría de los comensales, aunque muy acostumbrados a todos los olores de los cafés, manifestaron que el olor a frito les resultaba molestísimo y el final de aquella cena pareció una desbandada. Delangle estaba rabioso. A Boissaux se le ocurrió motu proprio la idea de hacer como si se compadeciera de su infortunio.
Cuando se estaban levantando de la mesa, Boissaux anunció a la concurrencia que la casucha que tenía alquilada en Viroflay amenazaba con caérseles encima a las personas que lo honraban acudiendo a su domicilio y que, en consecuencia, quedaba suspendida por obras la cena del siguiente jueves; pero que los esperaba a todos el segundo jueves a las seis en punto.