Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Cené con tres correos y con cuatro empleados encargados de llevar fondos de la casa Rothschild, que son personas que pertenecen también a la categoría de los correos. Esos correos que digo, personas todas ellas de color subido, entre treinta y treinta y cinco años, son pequeños burgueses muy alegres y de forma de ser muy abierta. Se ven pasar las pasiones por esas almas francesas igual que las imágenes de una linterna mágica; digo mal «las pasiones», es siempre la vanidad; pero esa vanidad tan pronto los coloca en una posición brillante como en un trance menos halagüeño; y, en el acto, se sienten desdichados. Varios de mis correos con pantalones de cuero llevaban dos años sin verse; se contaron mutuamente su vida, con todo detalle y mucha picardía.
—¿Y usted, señor inglés? —me decían de vez en cuando.
Yo les conté que era primer groom en las cuadras del duque de Rutland. Como sé mucho de caballos, porque me han gustado con locura, pude seguir adelante con el papel. Les conté mi vida en casa de Su Gracia y estuve hablando doce minutos para quitarles de la cabeza cualquier impresión de altivez; seguí incluso hablando uno o dos minutos después de haberles visto en la mirada que se estaban aburriendo. Así quedó completamente purgado mi aspecto tan inglés de todo concepto de impertinencia. Uno de ellos me dijo amistosamente: