Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Dos observaciones ya sobre estas pocas palabras. Para empezar, confesaré que presumía de saber hablar francés; bastante me he esforzado por conseguirlo desde hace veinticinco años. Pero resulta que mi patrona no me entendió; tuve que repetírselo tres veces. Luego, cuando me entendió, vi que ese «Dios me libre» era una exclamación excesivamente enérgica y excesivamente seria para algo tan sencillo como preferir quedarse en la cocina en vez de irme solo a una habitación. Tenía la debilidad de no querer ser inglés. Me dije: «Si me limito a decir simple y desapasionadamente: “Prefiero quedarme junto a la lumbre de la cocina”, parecerá muy seco y muy inglés; hay que dar pie a estas personas para que hablen conmigo». ¡Qué gusto oír hablar francés a unos franceses! ¡Dios, quién me lo iba a decir hace tres meses! ¡Ay, primo, mi primo mayor, qué favor me ha hecho!
Calais, 30 de septiembre