Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos —Quiero morir mañana a las diez y no antes —les dijo—. Venid a buscarme a las nueve y me tendréis a vuestra disposición.
Se presentaron algunos curas en la puerta para preguntarle si querÃa confesarse.
—Cuando me traigáis —les dijo— al administrador de la casa de posta de Civita Castellana y al traidor ese de Rotoli y los liquide, entonces me confesaré de mil amores.
Insistieron mucho para que se decidiese, pero aquellos arrebatos de ira lo cansaban; y acabó por no contestar ya a nadie.
A la mañana siguiente, cuando fueron a anunciarle que eran las nueve, contestó:
—Muy bien; estoy listo.
Los carceleros no se atrevÃan a entrar, pero les dijo:
—Entrad, que no os haré ningún daño.
Tranquilizados, lo ataron y lo llevaron al lugar de la ejecución. Por el camino, volvieron a presentarse unos curas, pero los despidió, porque decÃa que querÃa disfrutar mirando sin estorbos a las mujeres bonitas que salÃan a la ventana a verlo pasar; siguió luego adelante alegremente, lanzando miradas galantes a las muchachas y amonestando a sus compañeros, que atendÃan a lo que les decÃan los curas. No obstante, al llegar al lugar del suplicio, dijo: