Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Al despuntar el día, no bien tocaron el ángelus, doña Inés despertó a su marido para decirle que iba a la primera misa al convento de las clarisas. Aunque él estaba en casa, don Blas, que no le contestó ni una sílaba, dispuso que la acompañasen cuatro sirvientes.
Al llegar a la iglesia, Inés se colocó junto a la reja de las monjas. Un momento después, los guardianes que le había puesto don Blas a su mujer vieron que la verja se abría. Doña Inés se metió en la clausura. Declaró que se había hecho monja por un voto secreto y que no volvería a salir nunca del convento. Don Blas fue a reclamar a su mujer; pero la abadesa había avisado ya al obispo. El prelado contestó con expresión empalagosa a los arrebatos airados de don Blas:
—No cabe duda de que la ilustrísima doña Inés Bustos y Mosquera no tiene derecho a consagrarse al Señor si es su esposa legítima; pero doña Inés se teme que ha habido causas de nulidad en este matrimonio.
Pocos días después, encontraron en su cama a doña Inés, que estaba pleiteando con su marido, muerta de varias puñaladas; y, como consecuencia de una conspiración que descubrió don Blas, al hermano de doña Inés y a don Fernando acaban de decapitarlos en la plaza de Granada.