Narraciones y esbozos

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Mina, sin pretenderlo, había agradado a la condesa D.; era la amante del gran duque, mujer singular y novelesca a más no poder. Un día, cuando paseaba a caballo con ella, Mina se topó con un guardia que empezó a seguirla de lejos. Aquel hombre la impacientó y Mina le hizo a la condesa la confidencia de sus proyectos de fuga. Pocas horas después, la señora de Vanghel recibió una nota de puño y letra del gran duque, que le permitía ausentarse durate seis meses para ir a tomar las aguas a Bagnères. Eran las nueve de la noche; a las diez, las señoras estaban de camino y, por fortuna, al día siguiente, antes de que se despertasen los ministros del gran duque, ya habían cruzado la frontera.

A comienzos del invierno de 182… fue cuando llegaron a París la señora de Vanghel y su hija. Mina tuvo mucho éxito en los bailes de los diplomáticos. Se decía que esos caballeros tenían orden de impedir discretamente que ningún conquistador francés hiciera presa en aquella fortuna de varios millones. En Alemania todavía creen que los jóvenes de París piensan en mujeres.





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