Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Mina lo pasó muy mal. Los éxitos que había conseguido con sus grandes ojos azules, tan dulces, y su porte distinguido mermaron a toda velocidad cuando se supo en la corte que tenía ideas que iban en contra de las de su Alteza Serenísima. Más de un año transcurrió de esta forma; Mina iba perdiendo las esperanzas de conseguir el permiso indispensable. Concibió el proyecto de disfrazarse de hombre e irse a Inglaterra, en donde contaba con vivir de la venta de sus brillantes. La señora de Vanghel cayó en la cuenta, con algo parecido al terror, de que Mina llevaba a cabo singulares experimentos para cambiarse el color de la piel. Poco después, supo que Mina había mandado que le confeccionasen ropa de hombre. A Mina le llamó la atención que siempre se encontraba, cuando paseaba a caballo, a algún guardia del gran duque; pero, con aquella imaginación alemana que había heredado de su padre, las dificultades, en vez de ser motivo para dar de lado una empresa, se la hacían más atractiva aún.