Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Los inacabables relatos del general tuvieron éxito en seguida entre la buena sociedad de Kœnigsberg. Todo el mundo quería que le hablase de París. Kœnigsberg es una ciudad con talento; de buen grado la nombraría capital alemana del pensamiento; no gustan allí los franceses, pero, aunque nos hagan el honor de odiarnos, desprecian soberanamente en cambio a todos los demás pueblos de Europa y, preferiblemente, por lo que he notado, a aquellos cuyas cualidades tienen más que ver con las virtudes alemanas. Nadie habría atendido a un viajero procedente de Lisboa o de Madrid, pero agobiaban a preguntas a Von Landek, ese afortunado charlatán. Las mujeres más bonitas, y hay mujeres adorables en esa tierra, querían saber cómo era el Boulevard des Italiens, ese centro del mundo; cómo están orientadas Les Tuileries hacia el palacio del Louvre; si por el Sena van barcos de vela lo mismo que por el Vístula; y, sobre todo, si para ir a visitar a una mujer por la noche es imprescindible haber recibido de ella esa misma mañana una tarjetita que haga saber que va a pasar la velada en casa.