Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos —Pues bien, que se hayan reunido aquà esos jóvenes me horroriza; no sé cómo explicarte lo grande que es ese horror; y por eso llevo ocho o diez dÃas ocultándote ese sentimiento. Desde entonces he tenido unas reflexiones muy tristes en lo tocante al porvenir y que me devuelven, con mayor amargura aún, a la pérdida que sufrimos. Si mi padre hubiera vivido, solo me habrÃa dado una dote moderada; no serÃa la heredera. Por eso, querida mamá —dijo Mina ruborizándose mucho—, nunca podré, como pueden todas las muchachas, mis amigas, hacerme la ilusión de que inspiro un sentimiento amoroso… En conclusión, mi querida mamá, me harÃas muy dichosa si tuvieras a bien permitir que corriera la voz de que estamos arruinadas.
—Hija mÃa, una mentira tan grave la prohÃbe por completo la religión —repuso la señora Wanghen muy en serio.
—Pero, mamá, ¿a quién perjudica esa mentira?
—En cuanto nos permitimos una mala acción, justificándola con los motivos, ya no hay razón para que paremos, y podemos llegar asà a los actos más espantosos.