Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos —Mamá —dijo, a su vez, muy en serio Mina—, la felicidad de mi vida entera va unida a esa mentira. Por culpa de esos millones nunca podré creer que alguien me quiere. Asà que soy más desventurada que si estuviera contrahecha; una desdichada joven con un defecto asà puede tener la esperanza de que su buen carácter y su paciencia le lleguen al corazón a alguien; pero a mà el destino me ha marcado con este sello fatal y nunca podré creer que soy objeto de una preferencia real, etc., etc.
La señora Wanghen parecÃa muy asombrada. Wilhelm Wanghen, que estaba ahora al frente de los negocios, fue a ver a las señoras por la noche, como solÃa. Mina le pidió un momento para charlar con él y pasó a un salón vecino. Allà le propuso que la hiciera pasar por una persona completamente arruinada.
El prudente banquero no la entendió al principio y, luego, se quedó escandalizado.
—¡Qué locura! ¡Qué locura! —exclamaba a ratos, durante la perorata de Mina—. Pero ¡cómo, mi querida prima! —exclamó por fin cuando Mina le dejó meter baza—. ¿Iba a permitir que la palabra «ruina» fuera unida al dignÃsimo apellido de Wanghen, sin tacha hasta ahora? ¿Le faltarÃa usted hasta tal punto, permÃtame que llegue a estos extremos, a lo que le debe a la memoria de su padre?
Y Wilhelm concluyó negándose por completo.