Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Aquellos dos cabales corazones alemanes, reunidos al dÃa siguiente, lamentaron cumplidamente la locura de Mina. A Wilhelm no le costó demostrarle a la señora Wanghen que, incluso si la conciencia de ambos les permitiera decidirse a semejante impostura, se trataba de algo imposible de llevar a cabo. ¡Cómo hacer que desapareciera una fortuna de más de dos millones y medio de táleros! Y, en el supuesto de que se les ocurriese cualquier historia novelesca más o menos verosÃmil, ¿acaso la justicia no darÃa con un medio legal para solicitar que se le aportase la documentación? ¡Cómo! ¡Pocos meses después de la muerte del famoso banquero Pierre Wanghen, conocido en toda Alemania, su única hija, aún menor de edad, quedaba reducida a la pobreza o incluso a un desahogo ordinario!
—Pero, mi querida y respetada señora —exclamó el sobrino—, es un insulto a su sentido común no menos que a su conciencia el hecho de debatir ni por un momento un proyecto tan insensato. ¡Piense que se trata de una menor! ¡Imposible, imposible y, sobre todo, criminal!