Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Philibert vino a verme; parecÃa afectadÃsimo y, como me pedÃa consejo muy en serio, le dije:
—Quédese en ParÃs, faltarÃa más; pero a condición de que se meta en la oposición legitimista[1] y hable siempre mal del gobierno, fuere cual fuere. Tome bajo su protección a una cantante joven de la Ópera e intente arruinarse solo a medias; si hace cuanto le digo, seguiremos viéndonos y, dentro de ocho años, cuando tenga treinta y dos, será un hombre sensato.
—Lo soy ya desde ahora mismo, al menos en un sentido —me contestó—. Le doy mi palabra de honor de no gastar nunca más de cuarenta mil francos anuales. Pero ¿por qué tengo que meterme en la oposición?
—Es un papel más lucido y además le conviene a quien no tiene nada que pedir.
Esta historia no es nada del otro mundo, pero he querido dejar constancia de ella porque es rigurosamente cierta. Philibert cometió locuras, pero en el fondo siguió mis consejos. Solo que el primer año se gastó sesenta mil francos, pero está tan avergonzado que creo que, en este, no está pasando de dos mil francos de gastos al mes.