Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Philibert se había llevado todos los premios en el internado; el hecho es que al salir no sabía nada. Desde entonces ha sido húsar tres años y ha ido dos veces a América. En la época del último de esos viajes, aseguraba que estaba enamorado de una segunda cantante que me parece una bribona redomada muy capaz de llevar a su amante a entramparse, a cometer luego falsificaciones e incluso, andando el tiempo, algún crimen apañadito de esos que llevan derecho al tribunal de lo criminal, circunstancia que le referí al padre.
El señor Lescale mandó llamar a Philibert, a quien llevaba dos meses sin ver.
—Si sales de París y te vas a Nueva Orleáns —le dijo—, te daré quince mil francos, pero pagaderos a bordo del barco, en el que serás sobrecargo.
El joven se fue y nos las apañamos para que, con su consentimiento, la estancia en América durase más que su etapa de pasión.
Volvió al recibir la noticia de la muerte del pobre Lescale, que confesaba sesenta y cinco años y tenía setenta y nueve. Reconoce a su hijo en el testamento y le deja cuarenta mil libras de renta. Además, en cuanto haya vendido ya todas las propiedades y esté arruinado del todo, uno de los amigos de Lescale le entregará doscientos francos todos los meses, a primeros; y trescientos si está en la cárcel por deudas.