Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Tras llegar a lo alto de la montaña de Sainte-Catherine, se ocultó en el bosque que, por entonces, la coronaba. Había enviado aviso a su criado con un campesino que pasaba por el camino real. Al criado solo le dio tiempo a llevarle sus caballos y a avisar a su tía de que iba a esconderse en casa de un noble, amigo suyo, que tenía una finca por los alrededores de Orleáns. Llevaba allí apenas dos días cuando un capuchino, un protegido del famoso padre Joseph y amigo de aquel noble, le envió a un criado que llegó de París a toda prisa, reventando los caballos de posta. Aquel criado era portador de una carta en la que no había sino las siguientes palabras:
No soy capaz de creer lo que me dicen de vos. Vuestros enemigos aseguran que estáis dando asilo a un rebelde que está en contra de Su Eminencia.
El pobre Saint-Ismier tuvo que salir huyendo de la finca de las inmediaciones de Orleáns de la misma forma que había salido huyendo de Ruán; es decir, que el noble, amigo suyo, fue a buscarlo cuando estaba de caza en la otra orilla del Loira para informarlo de la terrible carta que acababa de recibir; el caballero, tras darle un afectuosísimo abrazo, se acercó al río con la esperanza de dar con alguna barquichuela; tuvo la suerte de ver cerca de la orilla a un pescador que, subido en la más exigua de las barcas de remos, estaba sacando las redes. Llamó a aquel hombre: