Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos —Pero se me estaba olvidando —exclamó Féder, que recordó de repente los proyectos que tenÃa, contando con la complacencia del amable Eugène Delacroix— que hay un pintor joven, que posiblemente tenga talento, pero a quien, a cambio, ha impuesto el azar la carga de proveer al sustento de una madre y de cuatro hermanas; me he jurado a mà mismo que le darÃa clase gratis algunos dÃas de la semana fijados de antemano; esos dÃas, viene a pintar humildemente en un rincón de mi estudio y cada cuarto de hora le echo una ojeada a lo que está haciendo. Es muy callado y muy discreto y tengo que pedirles que le permitan pasar a un rincón del salón en donde voy a tener el honor de pintar a la señora.
La primera sesión transcurrió al dÃa siguiente; ni el pintor ni la modelo tenÃan ganas de hablar; contaban con un pretexto para mirarse y lo aprovecharon a placer. Féder volvió a rechazar la cena del acaudalado provinciano, pero ponÃan por la noche una obra nueva en la Ópera y aceptó un asiento en el palco de la señora Boissaux.