Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos —Pero, por cierto —le dijo Valentine a su pintor—, ¿a qué se debe que mudase usted de opinión acerca del estudio y accediera a venir a retratarme en donde vivo?
—Es que de repente caà en la cuenta de que la amaba.
No fue sino al llegar a la segunda mitad de aquella peculiar respuesta cuando notó Féder cuánto arriesgaba. «Bien está —se dijo—, ahora llamará a su marido, que ya no se separará de nosotros y es un personaje tan agradable que me curará de un capricho ridÃculo que me prepara un disgusto para la época muy cercana en que se vaya ella de ParÃs».
Al oÃr esas extrañas palabras, dichas con acento sincero y tierno y voz firme y sin apuro, como si Féder hubiera respondido a la pregunta: «¿Irá usted mañana al campo?», lo primero que notó Valentine fue emoción y una dicha extremada; miraba a Féder con ojos de par en par que no se perdÃan ni un detalle de la expresión de su semblante. Luego bajó la mirada de pronto y apareció en ella un arrebato de ira. «¡Con qué tono —se dijo— me habla de un sentimiento que es una insolencia por su parte! ¡Muy liviana ha debido de parecerle mi conducta para que haya proyectado asà hacerme esta confesión! ¡Proyectado! No», se dijo. Pero dio de lado en el acto esa posible disculpa para pensar en qué iba a contestarle.