Recuerdos de egotismo
Recuerdos de egotismo Tal fue la primera impresión del mejor de mis amigos actuales. No estoy demasiado seguro de su corazón, pero sí de sus talentos; es el Sr. conde Gazul, hoy tan conocido, y que me ha hecho feliz para dos días con una carta suya que recibí la semana pasada.[*] Debía de tener 18 años, si es como creo de 1804. Tengo por cierto, como Buffon, que en mucha parte salimos a nuestras madres, bromas aparte sobre lo incierto del padre, que es caso bastante raro con el primer hijo.[284]
Teoría que el conde Gazul me parece confirmar. Tiene su madre mucho de la agudeza francesa y un raciocinio superior. Como su hijo, me parece muy capaz de enternecerse una vez al año. Encuentro sequedad en varias de sus obras, pero confío en el porvenir.
En tiempos del bonito jardincillo de la calle Caumartin era Gazul alumno de Retórica del más abominable de los maestros. La palabra «abominable» no sale de su asombro por verse así pegada al nombre de Maisonette, la mejor de las criaturas. Pero tal era su gusto en materia de arte: lo falso, lo brillante, lo vodevilesco, por encima de todo.